Hay cosas que no están mal hechas…
solo están hechas desde hace mucho tiempo.

Y eso las vuelve intocables.

Cuando llegué, lo vi rápido.
Un movimiento que se repetía todos los meses.
Siempre igual.
Siempre apurado.

No era un error técnico.
Era otra cosa.

Era costumbre.

Lo revisé. Lo entendí.
Y propuse cambiarlo.

La respuesta fue inmediata.

No.

No porque no se pudiera.
No porque no tuviera sentido.

Sino porque ya estaba demasiado instalado.

Ahí entendí algo que no había visto antes:
hay cosas que no se sostienen por lógica…

se sostienen por historia.

Pasó el tiempo. Mucho tiempo.

Y un día, casi sin ruido, eso cambió.

Sin épica.
Sin grandes anuncios.

Como si siempre hubiera podido ser distinto.

Porque a veces el problema no es saber cómo hacerlo mejor…

es cuánto tiempo estás dispuesto a esperar
para que los demás también lo vean.