Ser adulto parece sencillo cuando uno es chico.

Desde afuera, los adultos pueden decidir qué comer, a qué hora dormir, qué comprar y cómo organizar su tiempo. Nadie les dice que hagan la tarea y, en teoría, tienen libertad para elegir.

Después uno crece y descubre la otra parte.

Ser adulto también significa pagar facturas, impuestos, servicios, alquileres, tarjetas y gastos que aparecen todos los meses con una puntualidad admirable.

La luz, el gas, Internet, el teléfono y las expensas no preguntan si tuvimos una semana complicada. Simplemente llegan.

Y lo más extraño es la manera en que terminamos aceptándolo.

Pagamos algo que no queríamos pagar, vemos cómo disminuye el saldo de la cuenta y, aun así, respondemos:

—Gracias.

Tal vez agradecemos porque nos atendieron bien. Quizá porque el pago fue aprobado. O porque, después de varios intentos, la aplicación finalmente funcionó.

Pero la escena no deja de ser absurda: entregamos dinero para cumplir con una obligación y encima nos despedimos con educación.

💳 Pagás gastos que no elegiste.

🧾 Recibís facturas todos los meses.

😅 Y cuando terminás, todavía decís “gracias”.

Ser adulto no siempre es difícil.

A veces es simplemente pagar cosas que no querés… y agradecer por la experiencia.


Publicado en YouTube
el 15/06/2026

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