No todas las malas decisiones nacen de la ignorancia.
A veces nacen del enojo.
Del miedo.
Del orgullo herido.
De la necesidad de demostrar algo.
De querer recuperar control.
El problema no es sentir.
El problema es decidir mientras la emoción gobierna.
Una empresa, una sociedad o un emprendimiento pueden soportar errores técnicos.
Pero las decisiones tomadas desde el enojo suelen dejar daños más profundos.
Rompen vínculos.
Cierran puertas.
Aceleran conflictos.
Desordenan el criterio.
Antes de decidir, hay que distinguir si estás pensando o reaccionando.
Regla práctica
Nunca tomes decisiones importantes mientras estás tomado por la emoción.
Acción concreta
Si una decisión nace del enojo, esperá. Escribí lo que querés hacer, dejalo reposar y volvé a revisarlo cuando puedas pensar con claridad.
Principio del emprendedor
El que decide desde la herida puede terminar destruyendo lo que quería defender.