Un proyecto puede ser una oportunidad, pero también una prueba.

Antes de aceptar un acuerdo, tenés que mirar algo más que el entusiasmo inicial.

Quién vende.
Quién ejecuta.
Quién da la cara.
Quién sostiene al cliente.
Quién asume el desgaste.
Quién cobra.
Y quién se queda con qué parte.

Un reparto puede parecer justo al comienzo, pero volverse injusto cuando el trabajo real empieza.

El problema no es asociarse.

El problema es no revisar si el acuerdo refleja el valor que cada uno aporta.

Si vendés, tu parte vale.
Si programás, tu parte vale.
Si conseguís el cliente, tu parte vale.
Si sostenés la relación, tu parte vale.
Si resolvés los problemas, tu parte vale.

Pero si hacés casi todo y aceptás cobrar como si hicieras poco, el error ya no está solo en el acuerdo.

También está en vos.

Regla práctica

No aceptes un reparto solo porque suena justo al principio.

Acción concreta

Antes de cerrar un proyecto, definí por escrito tareas, responsabilidades, gastos, cobros y porcentajes.

Y si el proyecto cambia, revisá el acuerdo.

Principio del emprendedor

El que no sabe valorar su lugar en el proyecto termina trabajando para el proyecto de otro.