Hay momentos en los que alguien ve en vos algo que todavía no sos capaz de ver.

Y eso… incomoda.

Yo estaba frente a un problema que nadie quería tocar.
Un sistema que fallaba, que nadie entendía del todo… y que todos preferían evitar.

Hasta que, casi sin explicación, ese problema dejó de ser de todos… y pasó a ser mío.

No hubo discurso.
No hubo garantías.

Solo una decisión que me dejaba frente a algo para lo que, en ese momento, no estaba seguro de estar preparado.

Y ahí aparece algo incómodo:
cuando ya no podés correrte.

Porque hay situaciones en las que no se trata de saber si podés,
sino de qué hacés cuando ya estás adentro.

A veces no es la herramienta lo que falta.
Es la decisión de sostener el lugar que, de alguna manera, cayó sobre vos.

Y eso… cambia todo.